Iba caminando por el parque regresando de comprar unas barritas de chocolate cuando me topé con una niña de vestido blanco. Era la niña más bonita del mundo, lo supe en el instante primero.
Estaba sentada a lo indio en el suelo y tenía un gran nudo de estambre multicolor en su regazo.
Qué haces, le pregunté cautelosamente, temiendo que la visión desapareciera en cualquier momento. Tejo vidas, me dijo.
Cómo se teje una vida, yo nunca había oído que tal cosa fuese posible asi que se lo pregunté. Levantó sus ojos por primera vez de su tejido y pude comprobar que en verdad era la niña más bonita del mundo. Se hace así, me dijo la niña más bonita del mundo, y sus dedos se internaron acolchonadamente en la bola de estambre.
Ella era la gracia misma personificada en persona.
Y que vida tejes, me atreví a preguntar, mordiendo una esquinita de la barrita. La niña más bonita del mundo sonrió, una filita india de dientecitos minúsculos... La tuya, me contestó, y desapareció.
No hay comentarios:
Publicar un comentario